
Uno de los lugares más emblemáticos de Bogotá fue construido por las historias de quienes con su esfuerzo y trabajo le dieron vida a un lugar frio.
Cuando uno entra cambia la luz brillante del exterior, por una oscuridad momentánea. Parece que uno pasara en un túnel y se metiera en una cueva llena de colores, ruidos y olores. Cada cinco segundos se oye amablemente: ¿Que está buscando?
Les hablo de la plaza del 7 de agosto, ubicada en la localidad de Barrios Unidos. Un lugar que recibe a diario cientos de bogotanos en busca de alimentos y víveres frescos y lleno buenas historias que describen el lugar.
Hace 3 años Ángel María Osorio logró ubicarse en un puesto de venta con buenas condiciones para atender a sus clientes. Cuenta con mucha emoción cuando, gracias a un paisano, se pudo instalar en un modulo vendiendo miel, condimentos, ajís y especias.
Don Ángel recuerda con algo de tristeza que, durante 37 años, cuando llegó a esta popular plaza, vendió frutas y verduras en un “huequito allá” donde hoy ahora guardan las escobas.
Es un noble hombre de 60 años, que habla de su trabajo con orgullo, cuenta que gracias a sus esfuerzos ha logrado ayudar a sus hijos a estudiar en la universidad, lo que no pudo hacer él, pues no pasó de la primaria en parte, como dice él; “por ser dejado y no aprovechar”.
Como a todos los bogotanos, le ha tocado muy difícil con la llegada de la pandemia. La venta de sus productos se bajaron : “Yo casi no madrugo llego casi todos los días a las 7 am, pero ahora con la pandemia y lloviendo, no vale la pena madrugar, estamos cerrando a las 2, 3 , 4 de la tarde cuando la gente se digna a venir” afirma sonriendo y buena energía, a pesar de las dificultades a todo le saca humor.
Esta plaza cuenta con 275 módulos de frutas, Verduras, Cárnicos, Pescado, Vísceras, Lácteos, Fruterías, Papa, Plátano, Aguacate, Artesanías, Graneros, Ropa, Calzado y puestos de comida o restaurantes y es administrada por el Instituto para la Economía Social -IPES.