
A sus cinco años, cuando comenzaba a disfrutar de los juegos y las vivencias propias de la infancia, una fuerte meningitis le arrebató el sentido del oído a Samuel Ferney Valencia. Ante las dificultes para comunicarse con su familia, este bogotano emprendió una de sus más grandes batallas para poder lograrlo.
La enfermedad le quitó la posibilidad de escuchar, pero no las ganas de luchar y tratar de llevar su vida normal. Su primer logro fue la capacidad que adquirió para leer los labios. Sin embargo, la vida le tenía preparado otro golpe, tan duro como el anterior que lo alejó notablemente de la comunicación con otras personas.
Cuando cumplió 16 años notó que su visión se reducía progresivamente hasta que, un año después, quedó con ceguera total. “Sentí que se me cerraban todas las puertas para seguir y decidí no volver a participar en actividades sociales” afirmó.
La difícil situación que vivía Samuel no solo lo afectaba a él sino a toda su familia, principalmente a su mamá, quien día a día buscaba alternativas para su hijo. Fue así como ella conoció a la Asociación Colombiana de Sordociegos, SURCOE, un lugar donde Samuel volvió a tener una esperanza.
Allí, aprendió tareas básicas como manejar el bastón, el braille y a comunicarse con otras personas sordociegas. Así fue entendiendo que podía salir adelante por sus medios, en una ciudad como Bogotá, donde el 35% de estas personas requiere de la ayuda permanente de un familiar o de un cuidador para hacer sus tareas cotidianas.
La vida de Samuel no es diferente a las de miles de colombianos que comparten una situación similar. De acuerdo con el Censo nacional de población y vivienda 2018 del DANE, en Colombia existen 118.785 personas con sordoceguera, basado en la recomendación de la escala de identificadores de severidad de los niveles 1 y 2 del Whashington Group.
Hoy, después de casi 19 años viviendo como persona sordociega, Samuel se siente orgulloso de haber superado muchas barreras, de lograr su título profesional en psicología, y ser el actual presidente de SURCOE, la entidad que le permitió volver a soñar.
“Este cargo fue la oportunidad de demostrar que podemos liderar y defender nuestra identidad como una discapacidad única; hacer pedagogía, ayudar a que otras personas con sordoceguera accedan a la educación superior y a estudios técnicos, y hablar sobre nuestras garantías. Además, nuestro trabajo también se extiende a nivel internacional”, sostuvo.
El camino no fue fácil, pero su voluntad y las ganas de defender sus derechos le permitieron llegar a ser el primer psicólogo con sordoceguera graduado en Colombia; en un principio, no fue fácil, pues tuvo que batallar contra los imaginarios que le crearon las personas que decían que no lo lograría porque suponían que un psicólogo debía tener la capacidad de ver y escuchar para su desarrollo profesional.
Su inició en la Universidad no fue fácil, incluso debió interponer una tutela para que la institución educativa y el Ministerio de Educación realizaran los ajustes necesarios para que Samuel accediera a un proceso adecuado como estudiante. “Ellos me dijeron que aceptaban hacer estos ajustes, pero que debía contar con guía-intérprete para poder estudiar”.
De ahí en adelante, pudo continuar su carrera hasta graduarse en 2016. De esta experiencia aprendió que nada le es imposible. Por eso en la actualidad cursa una maestría en Administración en la Universidad Nacional.
En este camino, el apoyo de su esposa Lucero ha sido fundamental. “Llevamos 8 años y medio de casados. Nos conocimos cuando trabajé en la biblioteca pública del Tunal enseñando lengua de señas en nivel básico y braille y ella coordinaba mis talleres y mis actividades”, indicó. Con el tiempo, lograron establecer una mayor cercanía gracias al chat. Después de un año de noviazgo, decidieron casarse.”
Valencia también se sirve de la tecnología para comunicarse con el mundo exterior. Gracias a dispositivos como la línea braille ha logrado tener la independencia y privacidad que tanto le gusta. Por su precio, que puede llegar a ser de 12 millones de pesos, en un principio sólo podía usar la que estaba en su colegio. Pero gracias a su excelente desempeño académico, la Secretaría de Educación lo premió con uno de estos aparatos, “lo cual fue una gran sorpresa y una oportunidad para poder continuar mis estudios”.
Hoy en día, Samuel cuenta con una línea braille de tecnología más avanzada, que le permite usar el celular y el computador. Así, puede satisfacer sus deseos de opinar en los foros y estar informado a través de Internet, investigar y, gracias a un implante coclear que tiene escuchar la música que más le gusta: “el tropipop.”
“El implante me permite escuchar las melodías y disfrutar el ritmo, pero no logro entender lo que dicen las letras de las canciones”, aclaró. Afirma que es muy inquieto y poco dado al ocio. “No tengo mucho tiempo; por mi personalidad, yo quiero estar haciendo de todo y no estar desocupado. A veces salgo y doy un paseo”.
En la actualidad, Valencia participa con SURCOE en la reformulación de la Política Pública de discapacidad del Distrito, liderada por el Sistema de Distrital de Discapacidad. “Todos quienes participan tratan de que queden consignadas las necesidades de las personas con discapacidad y sus soluciones. Tenemos espacios de debate con las entidades para llegar a acuerdos. Infortunadamente el proceso ha sido un poco lento a causa de la pandemia, pero las partes han aportado a su esfuerzo. Entre todas las discapacidades estamos apoyando lo que hace el Distrito y esperamos que las cosas sigan mejorando a futuro”, señaló.