
Antes de convertirse en Gestor de Diálogo Social de la Secretaría Distrital de Gobierno, Jhonatan Pardo Niño, tenía una vida llena de conflictos, peleas y malas relaciones con su entorno y las autoridades. Hoy su vida es otra, ahora se encarga de tejer puentes entre las personas.
La historia del cambio
A sus 14 años, seducido por la música y sus amigos ingresó a un grupo de ‘punkeros’, en el barrio Atalaya, localidad de Bosa, donde conoció la calle y el mundo subterráneo que envuelve a algunos jóvenes que pertenecen a grupos de culturas urbanas.
En este camino su vida se vio envuelta en drogas, alcohol, peleas con otros grupos de ‘hardcore’, ‘skinheads’, ‘emos’ y de su misma cultura. “En una riña sufrí una puñalada por otro grupo de ‘punkeros’”, menciona Jhonatan. Todo esto sumado a la desconfianza de las autoridades: “en esa época pensé que la Policía no nos entendía y nos podía atacar, por eso siempre puse una barrea con ellos”.
Pero a los 22 años se convierte en padre y comienza a ver todo con nuevos ojos. En ese momento decidió dejar todo para comenzar una nueva vida: “mi hija nació hace 8 años y desde que ella llegó, empecé a alejarme de mis amistades, me dediqué a salir adelante, a trabajar, a dejar la calle y a ser más responsable y maduro”, afirma Jhonatan con emoción.
Esa madurez no solo le ha ayudado a esforzarse para mejorar la relación con los demás, sino a servir y, sobre todo, a comunicarse con quienes -en su adolescencia- consideró personas no gratas. “Ahora soy más abierto a conocer a las personas, a no enfocarme en las instituciones y en la Policía he conocido buenos seres humanos”, explica.
Experiencia de vida
Jhonatan decidió estudiar Trabajo Social (carrera que aún está cursando) a partir del nacimiento de su hija y le llamó la atención servir a los más vulnerables, por eso, pasó hojas de vida a organizaciones que trabajan con esa población.
En enero de 2019 obtuvo un trabajo como Mediador Social de Transmilenio y en 2020 se convirtió en Gestor de Diálogo Social en un proceso de contratación a través de la plataforma Talento No Palanca.
Toda esa experiencia que nubló su pasado con su nueva perspectiva de paz y respeto son sus principales herramientas para tejer puentes. Él sabe de primera mano de la importancia de brindar confianza y garantías (Policía-manifestantes) para solucionar los problemas de manera pacífica durante las protestas.
Asegura que su trabajo por Bogotá lo ha aprovechado no solo para su crecimiento personal y resolver conflictos, sino para atender las necesidades de niños, niñas y jóvenes que han sido víctimas de la violencia o de abusos sexuales en el sector donde vive.
Los amigos que alguna vez lo invitaron a que hiciera parte del movimiento ‘punk’, ahora son quienes lo apoyan para brindarles ayuda para que ocupen el tiempo en actividades que contribuyan a mejorar su calidad de vida.
“Mi labor en la Secretaría de Gobierno me ha llevado a ser un poco más humano y a entender los problemas que atraviesa la ciudad. Con los menores de edad realizamos actividades recreativas para que reivindiquen sus vidas. Los llevamos a partidos de fútbol, hacemos talleres de poesía, malabares y los motivamos a que dejen la droga”.