
Javier Camilo Acuña es un joven de 26 años que se destaca en el ámbito del circo social, el espectáculo que lleva este arte de las carpas a las calles y los parques de la ciudad. Su disciplina y amor por esta actividad le hicieron merecedor, con su colectivo Cirwebert, del reconocimiento del Distrito como una de las mejores 30 iniciativas juveniles que recibió un apoyo de 10 millones de pesos, con el que compraron equipos, vestuario para sus presentaciones y refrigerios para los niños que van a verlos.
A pesar de que su día a día transcurre hoy entre proyectos que buscan el bienestar de la comunidad, Javier tuvo que afrontar retos más complicados que aprender a caminar sobre la cuerda floja o hacer malabarismo sobre un monociclo. Su vida, a sus escasos trece años, estuvo en serio riesgo por amenazas que recibió cuando vivía en la localidad de Usme con relación a riñas entre grupos juveniles.
“A mis padres les tocó sacarme del colegio a mitad de año porque me iban a matar en mi barrio, La Marichuela, y tuve que salir huyendo a Tocaima para vivir con un abuelo” recuerda Javier. “Después volví a Bogotá para instalarme con mi familia en Tunjuelito, en el barrio El Carmen, y hasta aquí llegó William Álvarez, un artista circense de Usme que había visto potencial en mí para hacer malabares, con una invitación que me convenció de tomar este camino: ‘con el circo puede viajar y conocer el mundo´, tal como quería hacerlo con la barra”, afirma.
A partir de ese momento, Acuña se enamoró del circo y sus enseñanzas como aprender a valorar a la familia, además de que dio sus primeros pasos en la gestión de proyectos de la mano de su mentor. A la par con este proyecto, Javier estudió cuatro semestres de Administración Ambiental en la Universidad Distrital, los cuales dejó para dedicarse de lleno a cumplir sus sueños con el circo. De la carrera que estaba estudiando le quedaron los conocimientos para fundar el Colectivo Artístico Cirwebert y haber conocido a quien sería su esposa Ximena, con quien comparte historias como haber trabajado en los semáforos y varias rutinas de malabares.
Lo siguiente para Javier y sus socios fue avanzar más en la consolidación de sus proyectos: en 2012 fundó, con William y Ximena, el Festival Circultural de Usme para llevar el circo a los barrios y dictar talleres que los han llevado a Ciudad Bolívar, el municipio de Soacha, el sector del Catatumbo y el departamento de la Guajira, e incluso fuera del país haciendo circo callejero en Ecuador.
Los proyectos para Cirwebert no paran en 2022. “Este año estamos gestionando un proyecto que nos ganamos con Idartes, que se llama Bogotá es Cultura Local Tunjuelito. El año pasado estuvimos ejecutando tres proyectos, uno de cooperación internacional, otro de la Secretaría de Gobierno como una de las mejores 30 Iniciativas Ciudadanas Juveniles y el otro con el Idpac” Señaló Acuña.
Uno de los hechos que más lo entusiasman es que han vinculado a cerca de 30 niños, a quienes les ayuda a sanar sus problemas emocionales enseñando malabares, a manejar el monociclo y a caminar sobre la cuerda floja. “Hay muchos niños que lo llaman a uno y dicen ´profe, cuándo comenzamos clases´, y uno les dice que en dos semanas. Ellos reclaman: profe, ¿Pero dos semanas yo encerrado acá en la casa?”, puntualizó.
Por ahora, Javier seguirá presentándose con Cirwebert todos los domingos en el Parque Metropolitano El Tunal, muy cerca de la Biblioteca de la zona. “De 10 de la mañana a 1:00 p.m. nos ubicamos en este lugar con 15 personas a quienes entrenamos. Las puertas de este espacio están abiertas para gente de todas las edades: niños, niñas, incluso han venido abuelitos a entrenar; han aprendido, es muy bonito como rompemos esas barreras generacionales que dividen a la comunidad”, aseguró.