
Los jóvenes adquieren cada vez mayor protagonismo en todos los espacios. Gracias a su preparación y liderazgo, ya se ven muchos al frente de empresas del sector privado o de entidades del sector público encabezando con méritos proyectos de alta responsabilidad. Es tanto el ascenso que han logrado que cargos como el de gobernador de un cabildo indígena, asignados por tradición a las personas con más experiencia y conocimientos sobre el legado de estos pueblos, ya empiezan a ser ocupados por hombres y mujeres de corta edad con la suficiente preparación y vocación para guiar a los suyos.
Es el caso de Dawilio Durán Ismare, el nuevo gobernador de la comunidad Wounaan Nonam en Bogotá y el más joven en la historia desde que se fundó este cabildo, en 2006. Con solo 29 años, ya está al frente de los asuntos internos y de las relaciones entre su pueblo y el Distrito. Y no solo eso: cuando fue elegido de forma unánime y autónoma por su pueblo, en diciembre del año pasado, se convirtió en el dirigente de menor edad entre los líderes de los 14 pueblos que integran el Consejo Consultivo de los Pueblos Indígenas en la capital.
Durán siente que con el ejercicio de este cargo está tomando la vocería de los más jóvenes de las distintas comunidades del Distrito para que se preparen y se sientan capaces de asumir las riendas de sus pueblos en el plano político. “Los jóvenes tienen que entrar en ese proceso y llevarlo adelante porque ya tenemos conocimientos previos de cómo funcionan los escenarios políticos”, puntualizó.
El joven gobernador afirma que uno de los factores que llevaron a su nombramiento fue mostrar que tiene la formación y la voluntad para conducir a los suyos y que, así mismo, los mayores de su comunidad lo reconocieron para dar su aval. Para esto, él se preparó desde niño:
“Nací en territorio ancestral a orillas del Río Pichimá, ubicado en el Litoral del Bajo San Juan, al sur del Chocó, cerca de Buenaventura. Allí crecí y conocí los saberes ancestrales y mi territorio. A mis 17 años me trasladé a la capital para terminar mi bachillerato y con el interés de adquirir conocimientos nuevos”, expresó Durán, quien ya adelanta quinto semestre de Ingeniería de Sistemas en la Fundación Universitaria San José y se siente orgulloso de hablar el 100% de su lengua propia, el ‘woun meu’, cuya necesidad de preservarla es imperiosa para él.
Los Wounaan Nonam llegaron a Bogotá por amenazas de los actores del conflicto armado en su región. Aquí viven 75 familias que representan alrededor de 300 habitantes; ellas se ubicaron en la localidad de Ciudad Bolívar, principalmente en los barrios Lucero Alto, Vista Hermosa, Estrella del Sur, Arabia y El Paraíso. “Sercelinito Piraza fue la primera persona de nuestro pueblo que llegó desplazada a la capital, en 2003. En nuestro territorio ancestral aún permanece gente que está sufriendo mucho por la siembra de minas, lo que es una amenaza contra sus vidas”, aseveró el gobernador.
En la capital, las mujeres de la comunidad se han dedicado a la elaboración de artesanías -a base de palma de werregue y con colores que les da la naturaleza-, como jarrones, canastos y manillas, los cuales son muy apreciados “porque transmiten nuestros conocimientos y saberes propios; se relacionan con nuestra cosmovisión, la naturaleza, la ‘Madre Tierra’, el gobierno propio, la cosecha, el tiempo, el viento y el aire. Todo está plasmado ahí”, señaló el dirigente del cabildo.
En cuanto a los hombres, algunos han podido hacer estudios técnicos o profesionales y otros se han dedicado a labores de construcción de viviendas. Pero Dawilio tiene la convicción de que aún hay vacíos por llenar.
“Como gobernador, estoy en el ejercicio de gestionar una vivienda digna para nuestra comunidad y oportunidades de educación a través de un colegio donde podamos fortalecer el componente de la identidad propia. Estamos preocupados porque pensamos que de aquí a diez años podríamos perder nuestra identidad cultural y la lengua propia, medicina, usos y costumbres”, concluyó.