
Vanessa Londoño y Santiago Ramírez son pareja desde hace 8 años, tienen dos hijos, un niño de siete años y una niña de tres. Viven en el barrio Paraíso, en Ciudad Bolívar, y desde hace cuatro meses son beneficiarios del programa ‘Parceros por Bogotá’.
Ellos accedieron a esta estrategia por la convocatoria que realizó el Distrito a través de la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar, en octubre de 2021. “En diciembre nos llamaron a la capacitación en agentes comunitarios y, en enero de este año, empezamos a recibir el subsidio que nos ha servido muchísimo”, dice Santiago.
Antes de acceder a ‘Parceros por Bogotá’, Vanessa se dedicaba a estudiar y Santiago trabajaba como operador logístico en un almacén de grandes superficies de supermercados donde tenía que surtir las estanterías, estar pendiente de la existencia de los productos, de la rotación de fechas, almacenamiento en bodega y el cuarto frío, sin embargo, fue despedido por una discapacidad visual.
“Menos mal me salió la oportunidad de ‘Parceros’ porque estuve asistiendo a otras entrevistas de empleo y debido a que tengo una discapacidad visual profunda por un mal procedimiento quirúrgico, no me aceptaron en ningún trabajo”, asegura Santiago Ramírez.
Los jóvenes, para cumplir con sus compromisos laborales y no dejar solos a sus dos hijos, hacen turnos. Mientras Vanessa asiste a las diferentes actividades convocadas en la mañana, Sebastián realiza las labores de la casa y en horas de la tarde desarrolla sus funciones como ‘Parcero’.
Las tareas que desarrollan a diario son de asistencia a actividades de orientación, capacitación y, además, servir de guías a las personas que requieran información sobre movilidad, salud, educación, turismo, seguridad y atención a tercera edad.
Con el beneficio que reciben, el joven de 24 años atiende las necesidades del hogar y la joven de 25 años estudia primera infancia en la Fundación Una Esperanza. “Ha sido un apoyo económico para pagar mi carrera. Desde muy pequeña siempre me ha gustado estar con los niños y, pues siempre me ha llamado mucho la atención el cuidado de ellos”, asegura Vanessa.
“Ha sido una oportunidad porque no tenía empleo y gracias al programa estoy trabajando nuevamente y, lo mejor, no me han rechazado por la alteración en mi visión. Puedo trabajar tranquilo, lo que significa que me ha ayudado a mejorar mi calidad de vida”, sostiene Santiago.
Más allá del beneficio económico, Vanessa ha recibido capacitaciones sobre las nuevas masculinidades, derechos humanos, maltrato y violencia de género entre otros temas. Entre tanto, Santiago ha aprovechado para fortalecer sus habilidades artísticas. “Desde pequeñito me ha interesado la música y, pues, he recibido algunos cursos orientados hacia esa temática en las cuales he podido ser parte de ellas”, afirma Ramírez.
Ahora, la meta de Santiago es que Vanessa termine su carrera para que pueda trabajar en su profesión. “Agradecerles a todos los que nos ayudaron en esta oportunidad, ya que fue una etapa súper chévere para nosotros”, puntualizó Londoño.