
El 21 de noviembre de 2020 es una fecha que Jorge Andrés Flórez nunca olvidará. Ese día, este gestor de Diálogo Social de la Secretaría de Gobierno eligió, cómo siempre, ponerse en medio de una situación de caos en el que estaban en juego la seguridad de un agente de la Policía y la de un grupo de manifestantes.
Bajo una fuerte lluvia, en medio de un recorrido que ya completa 17 kilómetros al lado de centenares de estudiantes que arengan con mucho ánimo, Jorge recuerda que el policía estaba solo y que los manifestantes estaban exaltados, lo cual lo hizo pensar que podrían actuar en contra del agente: "Intervenimos para evitar que se diera alguna situación en la que los manifestantes y el policía pudieran resultar lastimados. De este suceso hay una foto que circuló en redes sociales y que se sacó de contexto porque la hicieron parecer como si yo estuviera participando en algún intento de agresión".
"En esos días viví un escarnio público y afectó mi integridad. Pero lo más importante es que recibí todo el respaldo de la Secretaría de Gobierno y pude aclarar está situación", sostuvo el gestor.
Este hecho no lo asustó; al contrario, le dio aún más ánimo para continuar con su trabajo en la Dirección de Convivencia y Diálogo Social, en donde ya completa un año vistiendo la chaqueta blanca que lo identifica como gestor; son doce meses acompañando la protesta social; de madrugadas, de jornadas extenuantes con largas caminatas y de afrontar riesgos, en las que la preparación física y mental son fundamentales.
Nada de esto era tan desconocido para Flórez, ya que desde sus doce años sabía lo que era movilizarse por una causa. Es decir, estuvo del otro lado de la manifestación, esa misma que hoy intenta proteger, pero también controlar con el diálogo cómo única arma.
"Participé con colectivos ambientalistas en Engativá entre el 2014 y 2017. Nuestra lucha fue por la protección de estructuras ecológicas amenazadas", aseguró. Además, esa experiencia le ha ayudado en su labor para saber que el contacto con el manifestante “hay que manejarlo desde la empatía y entender que necesitan una solución a su necesidad”.
Estas historias de movilización que narra no están muy atrás en el tiempo. Jorge Andrés cuenta con sólo 23 años de edad, pero la experiencia que ha acumulado con el trabajo en campo lo hace ver más maduro. Y es consciente que el conocimiento que sólo da la práctica hay que reforzarlo con estudio. Actualmente está cursando sexto de semestre de Derecho y cuenta con estudios técnicos en información turística local y formación alternativa en derecho policivo.
Jorge Andrés es feliz con su trabajo. “Es una experiencia increíble, es un reto impresionante trabajar en el territorio con la gente y hacer una representación institucional”. Su mayor orgullo como gestor lo narra con alegría, en una jornada en la que el diálogo fue el motor para encontrar soluciones de inmediato.
“Recuerdo que en la calle 13, el 16 de diciembre pasado, tuvimos una manifestación por la construcción del bicicarril y la comunidad estaba desesperada por los trancones. Estuvimos en una negociación álgida porque ellos eran un comité gigante. Nosotros teníamos espacio para dialogar con sólo cuatro representantes y ellos necesitaban ocho”, afirmó.
El final de la misión de los gestores de Diálogo Social en esta jornada parecía inminente. “La reunión no se pudo llevar a cabo y se ordenó la intervención. Pero por el trancón en la zona, el Esmad se demoró en llegar y aprovechamos ese tiempo para volver a negociar con ellos. Cuando llegó el Escuadrón Móvil Antidisturbios, ya habíamos encontrado soluciones y no hubo necesidad de intervenir”.
Para Jorge, el éxito de las negociaciones no depende de la suerte. “El programa de Diálogo Social es histórico y quiero seguir participando en su construcción. Estamos trazando una línea de cómo se debe hacer la mediación en Bogotá. Es una revolución completa que trajo el secretario Luis Ernesto”, aseveró.
Asegura que en su dependencia todos están preparados también para abordar una situación de violencia, a pesar de su vulnerabilidad en estos escenarios de protestas. “No utilizamos la fuerza. Nos ubicamos en un punto intermedio, pero estamos muy bien capacitados y conocemos la dinámica de los manifestantes”.
No importa que haya recibido insultos, golpes y empujones. Jorge está más seguro que nunca de querer continuar con su día a día dentro de la movilización.
Es una decisión tomada a pesar de que sus padres, con quienes aún convive, no están de acuerdo con la actividad que ejerce. “Ellos sufren, pero esto es lo que elegí y estoy ayudando a otras personas”, concluyó.